Mostrando entradas con la etiqueta Diálogo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Diálogo. Mostrar todas las entradas

jueves, 14 de marzo de 2013

El sentido de la vida

-Profesor, ¿qué sentido tiene la vida?
-No te puedo dar una respuesta única a eso, la vida tiene tantas interpretaciones como habitantes hay en la Tierra.
-Estaría encantada de escuchar tu interpretación.
-La vida es un camino. Una fase de aprendizaje constante.
-¿Nunca paramos de aprender?
-Nunca. Siempre que aprendemos algo, nos sirve para aprender cosas nuevas.
-Eso no lo entiendo...
-A ver: tú aprendiste a sumar en la escuela, ¿verdad?
-Claro, pero hace mucho tiempo.
-Y eso te sirvió para aprender a multiplicar. ¿Cierto?
-Creo que ya lo entiendo. Y sabiendo multiplicar, me sirvió para dividir. Y así, sucesivamente...
-Efectivamente, Sofía. La vida es un continuo aprendizaje. Y, parafraseando a Sócrates: cuanto más sabes, más te das cuenta de que no sabes nada. ¿Pero sabes lo más curioso?
-¿Qué es lo más curioso?
-Que cuando creemos que sabemos lo suficiente para afrontar la vida, nos llega la hora de la muerte.

miércoles, 16 de enero de 2013

El pasado

-Profesor, hace unos años salí con un chico, y este me hizo daño. Desde entonces, no me atrevo a salir con otro chico. ¿Por qué?
-Querida Sofía, ¿sabes quién es Sigmund Freud?
-Sí, lo estudié en filosofía el año pasado. ¿Qué tiene que ver con el chico del que te hablo?
-Verás como sí. Supongo que te acordarás de que Freud separaba la mente de una persona en tres partes: yo, ello y superyo.
-Algo recuerdo...
-El yo está situado en la parte consciente, y conforma nuestra personalidad, nuestros recuerdos. Este yo se ve influido por el ello, que contiene los deseos más primitivos (principalmente sexuales), y por el superyo, que contiene todas aquellas cosas que han sido reprimidas en nuestro pasado. El ello y el superyo se sitúan en la parte inconsciente (o subconsciente, como se la llama también), por lo que no están presentes en nuestra consciencia. Hablando en plata: no lo recuerdas normalmente. Conscientemente, claro.
-¿Insinuas que lo recuerdo sin saber que lo recuerdo?
-Básicamente, veo que lo vas cogiendo. El superyo es una de las influencias del yo (junto al ello), y todas las situaciones traumáticas que has pasado se almacenan ahí, en el superyo, y condicionan cada una de las decisiones que has de tomar. Un niño al que de pequeño le pegaban en su casa por hablar de motos, por ejemplo, tendrá de mayor un temor irracional a hablar de motos. Alguien, como es tu caso, que haya sufrido un desengaño amoroso doloroso, temerá empezar otra relación por la misma razón. Aunque en el momento de temor no recuerde su desengaño, éste está ahí, en el superyo, condicionando al yo en su decisión. Y esta es, según Freud, la causa de todas las fobias que afectan a personas adultas, por curioso que parezca.
-¿Y como se soluciona, profesor?
-En tu caso, que no es muy serio -relativamente-, ya sabes por qué temes mantener una relación con un chico. Ahora solo hace falta que intentes desvincularte de aquella experiencia que te ocurrió en tu pasado, para que no siga afectando, consciente o incoscientemente, a tus decisiones. En casos más graves, como fobias, se debe consultar a un especialista.
-¿Y esto está demostrado?
- Como ya te he explicado muchas veces, Sofía, esta es una manera de explicar la mente humana, como muchas otras. Aunque, bajo mi punto de vista, esta es de las más acertadas.
-Haré lo que me has dicho. ¡Gracias!

jueves, 10 de enero de 2013

La droga

-Profesor, ¿cuan malas son las drogas?
-"Hace dieciseis años la probé. Estaba en una fiesta con unos amigos. 'No es mala, pruébala', me decían. Y yo, inconsciente de mí, la probé. En poco tiempo comencé a sentirme eufórico, repleto de energía. Sentía que podía comerme el mundo si quisiese. Bailé como el que más, canté como el que más y salté como el que más. Tras un par de horas de descontrol, me dio un bajonazo, que achaqué a que la fiesta había terminado. No le di mayor importancia, y me fui a casa.
EL fin de semana siguiente volvimos a salir, y pedí a mis amigos más de lo que me dieron en la otra fiesta. Y así, fin de semana tras fin de semana, tomaba una dosis de aquello.
Tras un par de meses, comencé a sentir la necesidad de tomarlo entre semana. No le di mayor importancia y comencé a tomarlo con mayor frecuencia: dos veces a la semana, tres. Una vez al día. Dos.
Cuando no tenía dinero para comprar se lo pedía a mi madre, y cuando comenzó a sospechar, se lo robaba. Vendí mis joyas -y las suyas-, y mis objetos mas valiosos, para disponer del dinero necesario para comprar aquello que me estaba destrozando la vida irrefrenablemente.
Noté que me iba degenerando con el paso de los años. Llegué a pegar a mis padres para que me diesen dinero, de lo cual me arrepiento, aunque ya sea tarde para decírselo. Por aquel entonces yo ya contaba 20 años.
Hoy tengo 30, y acabo de salir de un centro de desintoxicación, tras cinco años luchando contra la cocaína, a base de sufrimiento. Ahora, totalmente rehabilitado, quiero compartir mi historia, para evitar que otros jóvenes puedan sufrir las consecuencias de las drogas."
Obviamente esto es una historia ficticia, pero perfectamente podría ser la contada por un toxicómano, muchos de los cuales se dan cuenta demasiado tarde como para remediarlo. No hagas que esta historia se convierta en tu historia, Sofía.

miércoles, 5 de diciembre de 2012

El lugar mas lejano

-Profesor, ¿cual es el lugar mas lejano?
-El lugar mas lejano... El lugar mas lejano es la muerte.
-No lo entiendo. ¿Por qué?
-Porque el camino dura toda una vida. Además: es el único viaje en el que importa mas el camino que el destino a alcanzar.

lunes, 19 de noviembre de 2012

La muerte

-Profesor, ¿dónde vamos cuando nos morimos?
-Al cementerio, ¿no?
-Ja, ja. Qué gracia...
-Es una parte esencial de la mentalidad del ser humano buscar explicaciones a todo, por inverosímiles que parezcan. Y esas explicaciones pueden ser ciertas, o no.
-¿A dónde quieres llegar?
-A las explicaciones que son ciertas y demostrables las llamamos ciencia, y a las que no son demostrables, mitos y religiones. Una de las preguntas que más se han hecho los seres humanos a lo largo de su existencia es "¿Dónde vamos cuando nos morimos?".
-Pero, ¿hay alguna respuesta científica?
-Ciertamente, no la hay. Los médicos dicen que después de la muerte no existimos, pero nuestra mente no es capaz de concebir eso, no es capaz de imaginarse la nada. Para evitar esto, a lo largo de la historia de la humanidad han surgido muy diversas explicaciones. Y para todas ellas tenemos que recurrir al concepto de "alma": cada ser humano tiene un alma, independiente del cuerpo, pero que vive en él.
-¿Como es eso posible?
-Científicamente es imposible de explicar por el momento: es cuestión de fé. Creer sin ver. Para los católicos, el alma sube a un lugar llamado "cielo", inconcebible físicamente, en el cual espera su resurreción. Para otras religiones, el alma tiene otros fines, como la reencarnación en un animal para los hinduistas...
-¡Qué divertido!
-Depende de cómo te hayas portado en vida.
-Ah, eso cambia las cosas... ¿Y solo las religiones hablan de la vida después de la muerte?
-No solo las religiones. Muchos filósofos también han hablado del alma. Platón, por ejemplo, creía que el alma vivía en un "mundo de las ideas", donde residen los conceptos de cada una de las cosas que hay en nuestro mundo, o "mundo sensible". Cuando nace un nuevo humano, un alma se reencarna en él, olvidando todo lo que ha aprendido en el mundo de las ideas.
-Esa teoría parece interesante... ¡Quiero saber más!
-Te la explicaré otro día, todo a su tiempo... Como iba diciendo, no solo las religiones creen en un alma independiente del cuerpo. Recopilando teorías se podrían obtener miles, pero en el fondo todas comparten un elemento común: la persona, la parte de la persona que no es física, nunca muere, sino que se va a otro lugar o cuerpo, dependiendo de la creencia o teoría que hayamos elegido.
-Y tú, ¿qué crees que pasa después de la muerte?
-Una persona no muere si no se la olvida...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

El amor

-Profesor, ¿por qué nos enamoramos?
-Ja, ja. Buena pregunta, amigo. No te puedo dar una respuesta, pero te voy a contar un mito griego que pretende explicar ésto mismo.
-¡Cuenta!
-Cuenta uno de los diálogos de Platón...
-¿Diálogos de Platón?
-Sí, Platón escribió unos diálogos. La historia que te voy a contar aparece en "El Banquete".
-Continúa, porfa.
-Durante ese banquete, cada uno de los invitados debe dar un discurso sobre el amor al resto de comensales. Le tocaba el turno a Aristófanes.
-¿Quién era?
-Un cómico.
-Ah, perdona.
-No pasa nada. Como iba diciendo... Aristófanes comenzó con su discurso. Y éste decía así: "Hace mucho, mucho tiempo, los seres humanos estaban divididos en tres géneros: machos, hembras y andróginos. Los machos estaban compuestos por dos mitades masculinas. Las mujeres, por dos mitades femeninas. Y los andróginos, gran mayoría, eran seres compuestos por una mitad masculina y una mitad femenina".
-¿Y como cambiaron?
-Tiempo al tiempo... "De éste modo, cada ser humano era autosuficiente, lo cual les hacía realmente prepotentes. Cierto día Zeus, dios de los dioses, decició que éstos seres eran muy peligrosos, y acordó junto con el resto de dioses cortarlos a la mitad".
-¿Qué tiene que ver ésto con el amor?
-¿Me dejas terminar?
-Sí, lo siento.
-"Al ser cortados por la mitad, los nuevos seres se encontraron indefensos y perdidos, dedicando su vida a buscar a su otra mitad. Cada uno de esos seres se enamoraba de otro ser cuando creía que era su mitad".
-¿Y encuentran a su mitad?
-Depende. La mayoría de los seres se acomodaban con esa mitad, aun descubriendo que no eran su mitad, tras perder la esperanza de encontrar a su mitad.
-Qué bonito. ¿Y eso es el amor?
-Eso, querida, es el amor...